Así vive en Granada la única familia que aún no sabe que España se encuentra confinada

Granada
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Celia y David casi no se están enterando de que España vive encerrada estos días por el coronavirus porque ellos y sus dos hijas pequeñas se pasan la vida voluntariamente aislados en el «bosque comestible« que han creado en la sierra de Granada, donde »cultivan agua« con el propósito de plantar algún día medio millón de arboles en Andalucía.

Ella, segoviana de 39 años; él, inglés, de 37. Son pareja y hace cinco años, un domingo de paseo, encontraron una finca de secano de unos 4.000 metros cuadrados de extensión, a unos a diez minutos del pueblo granadino de Lanjarón, en la que vieron posibilidades de desarrollar su proyecto AguaBosque, basado en el «cultivo de agua »y en los «bosques comestibles».

Según relata Celia García a Efe , su pareja David William Glinka y ella venían de vivir en otra finca donde compartían 20 litros de agua al día con otras familias y se encontraron con ésta, en la que tenían derecho a «tres horas de agua diarias de una fuente comunal».

Ambos decidieron comprar el terreno de Lanjarón, lo llamaron Shambala, y crearon en él un bosque de árboles de secano en el que «unas especies se apoyan a otras» porque no necesitan riego adicional, hasta conseguir los 250 ejemplares actuales de frutales como almendros, melocotoneros, ciruelos o higueras. «Por cada árbol frutal de Shambala hemos plantado tres leguminosos que son fijadores de nitrógeno, es decir, aportan sombra y materiales; es como crear un ecosistema», asevera Celia García.

El cultivo de estos árboles se complementa con una «plantación de agua» que, según explica Celia, consiste en «llenar la finca de agujeros estratégicos« a modo de »esponja antigua«, para que el agua de lluvia no se escape, se filtre en el suelo y a través de él pase de un árbol a otro, para que entre ellos se »retroalimenten«.

Además, recogen el agua del tejado de su casa, más de 10.000 litros al año que unido a lo que se recupera en el suelo, hace que en total se aprovechen casi dos millones de litros de agua anuales con este sistema que han comenzado a enseñar a otras personas de manera presencial y a través de las redes sociales. «Cada vez que llueve esto es un festival. Cogemos agua de todas partes y lo canalizamos. La finca entera esta llena de piscinas y caminos donde paramos el agua cuando llueve y lo dirigimos hacia dentro«, explica Celia García.

Relata que se dieron cuenta de lo importante que es recoger el agua «cuando un vecino le abrió la cabeza a otro en una discusión por repartirse el caudal« y entonces decidieron enseñar a personas de entre 19 y 29 años a »plantar cultivar, meditar y a comer, todo ello -subraya- de manera altruista y gratuita«. »Las personas que conviven aquí con nosotros trabajan en la huerta cinco horas al día porque aquí no se viene de vacaciones, ni a desconectar, ni a teletrabajar mientras estás en el campo; intentamos enseñar a personas que realmente puedan crear un impacto« aclara.

AguaBosques también quiere educar a los urbanitas a través de las redes sociales, una tarea para la que cuentan con la ayuda de los otros tres miembros del proyecto que se encargan de su difusión pública.

Y mientras, Celia comenta que ella y su familia viven «tan lejos y tan alto« de la población que apenas se han enterado de todo lo que esta sucediendo estos días con el coronavirus y que ella mantiene su ilusión de promover la plantación de medio millón de árboles en Andalucía, al estilo del proyecto «Green the dessert» de Geoff Lawton, «que soñó que algún día los desiertos serían verdes».

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